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Costa Rica, 1970:

nazco en un taxi.

Mi infancia y adolescencia las pasé estudiando en el Liceo Franco Costarricense, cantando La Marsellesa bajo un rencoroso sol tropical.

En la universidad, entré a Comunicación porque no sabía qué hacer con “ese gran talento tuyo” (me decía la gente) y del que tampoco había constancia alguna. Sin buscarla, gané una beca para estudiar guion en la Escuela Internacional de Cine (EICTV, Cuba). Y al fin sucede: cuaja mi vocación de cuentahistorias y entiendo que eso es algo a lo que una persona se puede dedicar. A mi regreso de la isla caribeña, publico Largo domingo cubano, crónica de viaje, donde confluyen la escritora y la periodista. Después, en 1995, muero.

Madrid. Vuelve a nacer Catalina Murillo, a los 28 años. Tras varios tumbos, trabajó como guionista de teleseries y cine, y salió a la luz su otra vocación: hablar. Bueno, la docencia. Desde esa época es profesora de los Talleres de Escritura Fuentetaja (Madrid), de guion y narrativa.

A inicios de este siglo, publica su primera novela, Marzo todopoderoso, libro que los pocos que no lo odiaron, lo veneraron con pasión fetichista.

Como si cada siete años hubiera que salir huyendo, en 2005 se fue a internar en las montañas de Galicia. La verdad, iba buscando el espacio/tiempo para dedicarse a su llamado más tenaz: la narrativa. Metida en el monte ganó una ayuda para la escritura del largometraje Maybe Managua, guion que se escribió y no se ha rodado (aún). Fue en ese periodo que se trasladó unos meses a M…, el pueblo gallego donde entrevistó a la protagonista de Eloísa vertical.  

2012

Regresa a Costa Rica. Incapaz ya de vivir en una ciudad, se instala a orillas del Caribe. Ahí, frente a un ventilador frenético, es su época más prolífica. Termina de pulir y publica Tiembla, memoria, una novela íntima, y convierte el guion de Maybe Managua en la novela homónima que terminaría alzándose con el Premio Nacional de Novela 2018.

2019

Escribe y publica la pieza de teatro juvenil Dulcinea herstoria, estudio en clave de comedia de El Quijote, para estudiantes de secundaria. La obra se monta una vez al año en el Teatro Nacional de Costa Rica.

 

Y aquí sigue… O sigo. La única verdad es que Catalina Murillo, esa que habito, siempre se ha ganado la vida con la palabra, escrita y hablada.